¿Boicot al aceite de palma?

 

Un boicot completo al aceite de palma no es la respuesta. La realidad es que, nos guste o no, el aceite de palma no va a desaparecer.

La palma es un cultivo altamente productivo: para producir la misma cantidad de aceite precisa mucha menos superficie de terreno, menos fertilizante y menos pesticidas que otros cultivos similares, somo la soja o la colza. Por ello, la sustitución del aceite de palma por otros cultivos productores de aceite vegetal implicaría una mayor deforestación.

Un boicot masivo al aceite de palma no significaría menos deforestación, sino probablemente lo contrario.

El problema no es el aceite de palma en sí mismo, sino el tipo de cultivo masivo. Por eso, la forma de reducir los problemas medioambientales asociados a este cultivo pasarían por exigir el cumplimiento de unos estándares que impidieran al máximo la deforestación, los cultivos en zonas protegidas, los incendios, etc.

 

Además, si los mercados occidentales dejan de comprar aceite de palma podría haber varias consecuencias:

  1. Las compañías productoras venderían todo el aceite de palma a otros grandes mercados, como China e India, y a mercados emergentes, como Rusia y Japón. Estos mercados hasta el momento no han demostrado un interés real en la producción sostenible.
  2. Se empezaría a producir aceite a partir de otras semillas que aún no sufran el boicot, como la soja, que requieren de 4 a 10 veces más tierra para producir la misma cantidad de aceite.
  3. La posible bajada de precios por la disminución de la demanda provocaría el uso de prácticas no sostenibles más baratas.