Hábitos de consumo

El cambio comienza en ti. Como consumidor, puedes ayudar a reducir tu contribución al conflicto del aceite de palma simplemente cambiando algunos modos de vida.

Comprueba los ingredientes.

Si no está especificado el origen del aceite o grasa vegetal (lo que según normativa es obligatorio a partir de diciembre del 2014), observa el tipo de grasas en la información nutricional. Si el producto no tiene grasas de origen animal y contiene grasas saturadas en la información nutricional, el producto tiene aceite de palma, de palmiste (proveniente de la semilla del fruto de la palma) o, con menor probabilidad, de coco (este último tiene un sabor característico, por lo que es utilizado en menos productos). Si un producto tiene un contenido de más del 40% de grasas saturadas, casi con toda seguridad, tiene aceite de palma o sus derivados.

Compra sólo productos libres de aceite de palma o con aceite de palma sostenible certificada (marcado con el logo CSPO).

Las certificaciones sólo funcionarán si los consumidores muestran que sólo comprarán productos que contengan aceite de palma de productores certificados. En 2012 el 14% del suministro global de aceite de palma fue certificado, pero sólo la mitad fue comprado por los fabricantes. A pesar de que esta cantidad se duplicó respecto al 2009, aún hay un a largo camino por recorrer.